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Identifica y conoce tu tipo de piel

Identifica y conoce tu tipo de piel

¿Sabes que hay diferentes tipos de piel? En función de su contenido graso, textura, reacciones ante agentes externos e internos y algunas otras características, nuestra piel se clasifica en un subtipo o en otro. ¿Qué tipo de piel tienes y cómo deberías cuidarla? Vamos a ayudarte a descubrirlo.

Existen distintos criterios para clasificar los diferentes tipos de piel. Desde el punto de vista cosmético, la piel se clasifica de acuerdo a varios factores de los que va a depender su equilibrio: reepitelización, descamación, secreción sebácea, hidratación y nivel de sensibilidad. Así, cada tipo de piel tendrá unas características propias y requerirá cuidados diferentes. El tipo de piel viene determinado por la genética, aunque también se verá afectada por otros factores como la edad, las agresiones externas, la temperatura y la humedad ambiental.
Según estas características, podemos encontrar cinco tipos de piel sana: normal, seca, grasa, mixta (tiene propiedades de la grasa y de la seca) y sensible. 

PIEL NORMAL
Es una piel que presenta una textura regular, sin imperfecciones y un aspecto suave y limpio, sin necesidad de cuidados especiales.

PIEL SENSIBLE
La piel sensible es una piel más propensa a reaccionar a estímulos a los que la piel normal no reacciona. Es una piel frágil que suele ir acompañada de sensaciones de incomodidad como calor, tirantez, enrojecimiento o picor. En estas pieles hay una pérdida de la función barrera (o protectora) de la piel, lo que facilita la entrada de microorganismos y sustancias irritantes, y aumenta la posibilidad de sufrir infecciones y reacciones alérgicas. Son pieles delicadas que necesitan mayores cuidados para combatir la sequedad, la aspereza y el aspecto que habitualmente presenta. A veces se habla de piel irritable en lugar de piel sensible, pero son términos sinónimos y no hay diferencias dermatológicas entre ambos.

PIEL SECA
En muchos casos, la piel seca suele ser algo temporal, causada por factores externos como el clima, la baja humedad del aire y la inmersión en agua caliente. No obstante, en algunas personas la piel seca puede darse con mayor frecuencia e incluso ser una afección de por vida. Aunque en general no suele ser grave, si no se cuida, puede provocar otros problemas cutáneos como eczemas o ser más propensa a sufrir infecciones, ya que la piel seca se puede agrietar quedando más expuesta a bacterias.

Los signos y síntomas de la piel seca pueden variar dependiendo de distintos factores como la edad, el estado de salud o de cuál sea su causa. En general, se caracteriza por una sensación de tirantez y aspereza. También puede adquirir un color gris ceniza, aparecer descamación, picor, enrojecimiento y pequeñas grietas. La piel agrietada suele observarse en las pieles muy secas. Aparecen pequeñas grietas, que en ocasiones más graves pueden ser más profundas e incluso llegar a sangrar.

La piel atópica es una enfermedad cutánea que se caracteriza por piel seca que lleva a descamación e irritación y provoca síntomas molestos como el picor. Su principal causa es la predisposición genética, aunque también existen factores que desencadenan su aparición o agravan el problema. Estos factores pueden ser ambientales, alérgicos, alimenticios, e incluso estar relacionados con algunas prendas de ropa.

 PIEL GRASA
Un cutis graso tiene una apariencia porosa, húmeda y brillante. Se produce como resultado de un exceso de producción de grasa por las glándulas sebáceas. Suele estar determinado por causas genéticas y/o hormonales. Es frecuente en adolescentes y jóvenes menores de 30 años, y suele estar relacionada con la aparición de acné.

 PIEL MIXTA
Según la localización, tiene características de la piel seca y grasa, ya que la distribución de las glándulas sebáceas y sudoríparas no es homogénea. La zona más grasa suele corresponder a la zona T (frente, nariz y barbilla), mientras que en las mejillas la piel es normal o seca.

 PIEL ESCAMOSA
La irritación reiterada de la piel por factores medioambientales como el sol, el viento, la sequedad o la humedad excesiva puede provocar la descamación de la piel, es decir, que se desprendan grandes escamas de la epidermis que a veces se ven como polvo fino. Sin embargo, la descamación también puede ser resultado de alguna afección como una reacción alérgica, infecciones por hongos o estafilococos, trastornos del sistema inmunitario o cáncer y tratamientos oncológicos. 

Recuerda que independientemente de tu tipo de piel, debes protegerla diariamente usando un bloqueador solar en tu cara y un sombrero que tenga protección solar.  Esto es indispensable para evitar que desarrolles manchas por el sol, envejecimiento prematuro, cáncer  u otras afecciones. 

Para lucir un piel jóven y radiante usa cremas adecuadas para tu tipo de piel y rutinas de skincare específicas.
¿Ya sabes qué tipo de piel tienes y cómo cuidarla? 

 

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